La importancia de las añadas

La añada es el año en el que las uvas se han cultivado y vendimiado. ¿Cómo de importante es la añada en un vino? Es a la vez muy importante y no tan importante, dependiendo de la zona y el estilo de vino del que hablemos. Si un vino no indica la añada en su etiqueta, en la mayoría de los casos será porque corresponde a una mezcla de vinos de diferentes años. La mezcla de vinos permite a los enólogos mantener un estilo propio y no depender de las variaciones de las añadas. Si una botella de vino tiene el año impreso en su etiqueta, quiere decir que el vino es de una añada en
concreto.

En el caso de la presencia de algunas lluvias la vendimia se puede alargar y la calidad de frutos deteriorar. Una temporada demasiado calurosa puede afectar las uvas al acelerar la deshidratación excesiva. Varios elementos climáticos que son parte integral del denominado “terruño” pueden influenciar un vino producido en un año particular. Como resultado de la ola de calor moderada se puede producir una maduración temprana de la uva que alcanza el grado óptimo para su recogida. Cada añada nos habla de un periodo de tiempo, un clima e incluso un estado de la uva. Pero sin duda lo más importante es que cada una de ellas nos siga ofreciendo las muchas bondades que tiene el vino y nos abra las puertas de su historia sorbo a sorbo.

El viñedo prefiloxérico

En ocasiones hablamos de viñas prefiloxéricas para hacer referencia a la edad o época de la que datan las cepas viejas con las que se elaboran los vinos, los cuales suelen ser de una excelente calidad. Pero seguro que muchos de vosotros cuando escucháis "viñedo prefiloxérico" no sabéis qué es.
La filoxera es un tipo pulgón que se alimenta, principalmente, de las hojas y las raíces de la vid. El origen se sitúa en Norteamérica. La conocida como plaga de la filoxera llegó a Europa en 1868 a través de diferentes puntos de entrada: Oporto, Burdeos, Málaga, Denia, Navarra o Cataluña. El primer registro de la filoxera en España se tiene en Málaga en 1878. Y a su paso por los territorios europeos, arrasó con prácticamente la totalidad de las vides de Europa.

Se arrancaron millones de hectáreas en los países europeos y se recuerda este evento como una de las plagas más devastadoras que dio un vuelco al mundo vitivinícola. Pero no todo fueron malas noticias. Hubo un escollo que evitó que este ‘bichito’ llegase a colonizar la totalidad del territorio del continente: los suelos arenosos y pedregosos. Por su composición, impiden que el pulgón perfore y, por tanto, evitan que cree un conducto para llegar hasta las raíces de las vides. En estos suelos, las vides sobrevivieron intactas. Otras vides que se salvaron fueron las plantas llevadas al nuevo mundo como Chile. Las parras que llegaron a Chile de diferentes partes de Europa fueron del pie franco o pie directo, es decir, un viñedo no injertado, con lo cual no hay patrón o pie y variedad es la misma planta. A estas cepas sanas se las denominan como de pie franco o prefiloxéricas, dos términos que son sinónimo de un producto diferente a las parras injertadas.

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